La maravillosa gracia de Dios

Si nos asociamos diariamente con Cristo, sentiremos en nuestro derredor los poderes de un mundo invisible; y mirando a Cristo, nos asemejaremos a él. Contemplándole, seremos transformados. Nuestro carácter se suavizará, se refinará y ennoblecerá… El alma que se vuelve a Dios en ferviente oración diaria para pedir ayuda, apoyo y poder, tendrá aspiraciones nobles, conceptos claros de la verdad y del deber, propósitos elevados, así como sed y hambre insaciable de justicia. Al mantenernos en relación con Dios, podemos derramar sobre las personas que nos rodean la luz, la paz y la serenidad que imperan en nuestro corazón. Es nuestro deseo que usted encuentre esa serenidad resultante de conocer a Aquel cuyo Espíritu inspiró estas páginas.